Expo Infancia

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LA INFANCIA

Un recorrido través de relatos de la infancia vivida en los campos rurales de Paillaco y La Unión entre 1950 y 1960.

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EL NACIMIENTO

Yo nací acá en el campo, porque antes habían puras parteras. Bueno ahí nacimos los ocho hermanos que tuvo mi mamá en el primer matrimonio. La mamita Coya, ella los venía a sacar, era la partera, le decían Coya, para nosotros era la mamita. Y nos mentía porque venía de lejos, entonces traía sus cositas en los brazos, entonces nosotros creíamos que era la guagua y la queríamos ver po, y ella decía: “–no, no, no, hasta que yo les avise adentro, yo les voy a avisar, váyanse a la cocina, entonces, cuando llore, ahí quiere decir que despertó.” Así que nosotros nos quedábamos ahí en la cocina a fogón esperando, y hasta cuando ella nos llamaba: “–ya ahora sí, ahora despertó su hermanito, vengan a conocerlo”, así que ahí lo íbamos a conocer y nosotros creíamos eso po, pasaba el avión y qué se yo, y nosotros decíamos: “–¡Oye! ¡¿Cuándo van a traer mi hermanito?! – le gritábamos pa’ arriba.” Antes era así la cosa, nos creíamos todo, todo. Claro, si esa era nuestra vida...

Palmenia Farías. Año aproximado del relato: 1940

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EL LEÓN

Y el león, el león uno lo veía así y pasaba uno y no le hacía nada, ¿Por qué? Porque tenía comida en cualquier parte, tenía ovejas. Yo cuando solía ir abajo, ahí me encontré varias veces con él. Un día iba yo entre medio de los animales, andaba un perro, “–y este perro –dije yo– ¿Qué anda haciendo aquí?”, este perro, del monte, un perro grande, se veía así… yo fui a mirar a ver qué perro era, cuando de repente sentí unas cositas que gritaban así: “–guaaa, guaaa”, como gato. Más pa atrás de donde estaba, un par de metros pa atrás. Fui a ver que cosita era y ¿No eran los cachorritos? Estaban adentrito así. Una leona pariendo andaba. Ahí arranqué po. Claro, y parece que debían haber sido unos tres, cuatro, que andaban ahí y unos gritaban ahí, pero eran así más cachorritos. Ahí me salió arranque porque me podía atacar la leona po.

Nereo Agüero. Año aproximado del relato: 1944

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La escuela

No, no me pusieron nunca en la escuela. Pero a las demás sí po, a todas las otras mujeres, todas estudiaron. A mí no me quisieron poner en la escuela: viejos antiguos. Así que yo no aprendí a leer. Y ahí entré a trabajar. Mi primer trabajo fue acá en La Unión. Trabajé ahí un año en una parte. No fui nunca, no me quisieron poner nunca en la escuela mis padres porque decían que me iban a pegar en la escuela y así no quisieron y yo era la última que había nacido, por cuidarme. Yo rabeo contra ellos porque ¿Por qué no me pusieron en la escuela? Me hacía mucha falta, me hacía falta cuando trabajaba por lo menos, me hacía falta pa sacar mis cuentas, cuánto es lo que iba a ganar. Pero, así sola aprendí, aprendí a contar la plata y cuánta cuestión. Ya después ya no me hicieron lesa, no po.

Palmenia Farías. Año aproximado del relato: 1946

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La vestimenta

Entonces de ahí mi mamá nos empezó a dar no más, porque no hallaba qué darnos de comida, y todo, y ella empezó a pololear con este hombre, por el hecho de que íbamos a tener un techo y una comida, pero al final no fue así. Y ahí yo llegué a los seis años allá, y primera vez que me ponía zapatos po, todos andábamos descalzos. Entonces ahí me puse los zapatos de mi hermana más grande. Y unos zapatos grandes, pero yo feliz porque andaba con zapatos, me costaba, pero andaba con mis zapatos po, y después allá adentro también ellos me compraban mi ropa, mis zapatos. A veces me compraban unos zapatos muy grandes, me decían que eran unos zapatos “crecedorcitos”, para no comprarme tan luego. Claro que molestaban sí, porque la punta por nada se daba vuelta po, la suela. Y vivíamos ahí, que había cuesta para todos lados donde estábamos, así que era un poquito problemático, pero yo tiraba más pinta que un perro lanudo porque decía yo “–aquí ando con zapatos”.

Palmenia Farías. Año aproximado del relato: 1946

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El Respeto

Mi papá era muy estricto, era muy estricto. Los criaban a todos pero bien derechitos, nadie podía, cuando estábamos en la mesa, nadie podía estar opinando de conversar algo mientras ellos estaban desayunándose. Todos calladitos, desayunándolos no más. No los dejaban de que estuviéramos hablando o peliando una cosa, nada. Era muy estricto. Claro, los pegaban. Los pegaban fuerte y nosotros éramos 10 hermanos.

Estela Jaramillo. Año aproximado del relato: 1927

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Ya No somos Niños

Yo no tenía idea de que le llegaba la menstruación a las mujeres, ya tenía 11 años, y ahí donde había andado de caballo con mi concuñada Blanca, entonces cuando después al rato yo me veo que mi calzón está manchado con sangre, entonces me asusté y yo pensé que me había lastimado el poto, y yo dije: “–me lastimé, pero cómo no me duele...” Entonces yo ahí po, yo llegué y le dije a la Gode: “–oye Gode fíjate que yo me lastimé mi poto,” entonces le digo en donde anduve a caballo, entonces ella me dice: “–oye pero a lo mejor no es lo mismo, puede ser otra cosa ¿Pero te duele?” “–No. –le dije yo,” entonces me dijo: “–vamos pa tu pieza y yo te voy a decir qué te pasó.” Nos fuimos y ahí ella me examinó y me dijo: “–oye Palmenia –me dijo– te llegó la menstruación,” y yo no sabía de qué me hablaba, entonces le digo: “–pero de qué es lo que, qué es eso po, qué me estás diciendo,” entonces me dijo: “–mira esa sangre, esa misma sangre, con esa sangre se forma la güagüita y si tu tenís relaciones sexuales, eh, estás con un cabro, qué se yo y vas a verlo –me dijo–, te vas a quedar embarazada y vas a tener un hijito.” Entonces yo ahí ya me asusté po y yo decía: “–¡Cómo voy a tener un hijo dios mío!” Y me cuidaba y no quería nada, tenía como miedo ya a los hombres así, no me acercaba, entonces de ahí le pedí al Señor yo, ese mismo día, hincada de rodillas debajo de mi cama antes de acostarme, le pedía que nunca, nunca yo quería tener un hijo, porque no quería que sufra mi hijo lo que yo estaba sufriendo ahí en esa casa.

Palmenia Farías. Año aproximado del relato: 1953

el trabajo

De ahí de ese fundo ya los empezamos a desparramar los hermanos po, unos que se casaron y otros que ya se apartaron de trabajo y todo, unos se fueron a Santiago y así. Y ahí me aparté de mis hermanos. La sufrí mucho pa criarme después cuando ya yo de 11 años empecé a trabajar, tuve que trabajar porque ya mi mamá quedó viuda y ya mi papá había muerto también, así que ella ya tuvo que también trabajar po. Y ahí me crié yo trabajando… de 11 años quedé huérfana de mis padres yo. Así que ahí estuve un año trabajando. Ya después me salí de ahí, me vino a buscar una hermana que tenía, una hermana mayor. Esa me fue a sacar de ahí porque la señora era mañosa. Después estuve enferma, estuve como dos meses enferma, y a lo que me recuperé yo volví a trabajar otra vez. Tenía resfrío, no ve que la señora donde estaba, donde estábamos trabajando, los tenía un colchón y teníamos que tenerlo en el suelo no más y con dos frazaditas y eso fue lo que me hizo mal po, me pasé de frío, y eso fue lo que me aumentó el resfrío, que no me podía calmar, me tuvieron que llevar al hospital.

Estela Jaramillo. Año aproximado del relato: 1932

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El trabajo

Y ella fue una mujer muy conocida en Reumén por sus canastos porque salía a los fundos a vender así las canastas de mimbre pa la cosecha de papas, entonces le encargaban a ella, entonces ella era muy conocida, ahí a donde iba le compraban, le iba bien. Hacía canastos de mimbre, de quila, chupayas pa los huasos en esos tiempos. Y entonces ahí yo me crié trabajando con ella en eso, ayudándole a irle a buscar quila, a los montes íbamos a buscar quila, conforme fui creciendo. Yo me mataba a gritos en el monte porque los criamos a pata, no con zapatos. Porque había un pajarito que se llamaba el pilgüín, y ese se pegaba y los chupaba la sangre ¡Y eran helados! Y esos no caían, y no los podíamos botar porque mi abuela decía que se les cortaba la cabeza y quedaba dentro y eso los chupaban la sangre, y cuando se llenaban, caían solos, pero si nosotros queríamos sacarlos antes decía mi abuela que se cortaba la cabeza, no sé si sería verdad eso, ella nos decía así. Había que dejarlos no más, eso es lo que le decía, ahí yo me mataba a gritos llorando, y había un monte que ese monte todavía está, que le dicen el monte redondo, bajando ahí pa Reumén, del cruce a mano derecha, y el gringo ese era mañoso, nos echaba los perros cuando nos pillaba sacando quila po, entonces teníamos que andar mudas po, y yo gritaba y mi abuela ahí me daba, por gritona. Ya tendría yo unos 6 años ya ahí po, alguien tenía que quedar con la profesión pero después ya grande yo empecé a trabajar, nunca seguí, pero a la de armar un canasto, ponerme a hacer un canasto, lo armo, porque sé, sé. Tres y tres decía ella, hasta llegar a doce, los cortaba las medidas, claro, que se corten redondos y después se dobla ahí.

Adelina Gonzáles. Año aproximado del relato: 1946

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